Historia de vida.
Rosario
se caracteriza por contar con movimientos o labores vinculado con “lo
social”. Esto conlleva una idea de vocación, que es ejercida por
personas que se esconden detrás de esas actividades, pero que
anónimamente son un pilar fundamental.

“Nómade” es un bar
cultural que está situado en Pichincha, y Martín Felitti es un joven de
26 años que formó parte de ese equipo fundador y que actualmente trabaja
para que día a día salga adelante. Nos recibió en su pequeño despacho
laboral del Concejo Municipal, y comenzó a contarnos su historia.
“Yo
soy uno de los coordinadores. Mi tarea no es tanto de presencia, todos
los días, sino de participar de las reuniones semanales y de
intercambiar… Es una más como una coordinación desde afuera, como un
apoyo desde afuera pero estando desde adentro en la toma de decisiones,
digamos”.
Continúa diciendo: “Somos seis personas. Todos
jóvenes… Hay gente que está encargada de la parte gastronómica y otras
encargadas de la parte de los talleres y de la agenda nocturna, bueno y
entre todos vamos conformando un equipo y nos vamos poniendo en sintonía
semana a semana”.
Entre los integrantes que tienen entre 24 y
30 años, deciden las actividades que se van a llevar a cabo y qué es lo
que va a estar incluido en la agenda cultural de ese espacio, incluyendo
la mirada que le van a dar a las cosas: “[Yyyyyyyy] vemos a qué tipo de
actividades le decimos que sí y a que tipos de actividades le decimos
que no. Qué funciona, que no funciona, que actividad por ahí no tuvo
mucha llegada a la gente pero esta buenísima… Sí, todo, todo lo vamos
viendo. Y siempre como que entre todos nos vamos corrigiendo y aunando
criterios para que no se transforme en otra cosa el lugar, para decir,
no bueno, a ver, si nosotros queremos fomentar la cultura o defender
esto tenemos que tener todas las semanas este tipo de actividades o este
tipo de encare. Por más, que un sábado hagamos una fiesta, no hay
drama, porque necesitamos sostener el lugar económicamente y no nos dan
los costos, el alquiler es re caro, bueno… un montón de cosas.
[Ehhhhhh], entonces le discutimos el perfil entero al lugar y bueno y
entre todos vamos viendo como lo sostenemos”.
En cuanto al
espacio físico -situado en Ovidio Lagos 68 bis-, le preguntamos a Martín
sobre la manera de encontrarlo. Nos respondió que “fue ahí cuando entró
en juego un componente especial” que definió como “suerte”… Los chicos,
él incluido, ya con una planificación virtual comenzaron a ahorrar
dinero para encarar los gastos que conllevarían materiales,
remodelación, compra y posterior mantenimiento del lugar. Todos los
esfuerzos lo realizaron pensando a futuro, sin saber que llegaría una
persona que se les aproximaría para solucionarles los problemas.
Así, como a cualquier otro conocido, le comentaron la idea sin saber
que contaba con un terreno disponible. [Con media sonrisa en la boca,
picara, risueña explica]: “Una persona que se acercó a militar con
nosotros y que conocía a nuestros candidatos de la facultad de derecho
[eeeee] nos cuenta que tenía un lugar. O sea, le contamos que teníamos
esta idea, que estábamos buscando lugares para alquilar, averiguando
precios y eso. Bueno, le contamos y nos cuenta que él tiene [eee], tenía
una chopería, ahí donde es nómade ahora, que esa chopería no funcionaba
bien, que estaba perdiendo un montón de plata por mes”
Y
prosigue, cambiando la expresión y tono de voz a una seriedad: “Nosotros
le contamos que nuestro proyecto no era justamente de explotación
comercial para llenarse de plata ni nada que ver, que tiene que ver en
realidad con si sacamos plata poder reinvertirla, poder ver como se
reutiliza. Y él nos dice: miren yo no tengo drama, me encanta el
proyecto, comparto, compartía obviamente las ideas del grupo, lo que
sea, y dice si yo no pierdo plata, o sea, si salimos en cero yo gano ya,
porque estoy perdiendo, porque tengo el local parado y tengo un
contrato ya hecho por cinco años”
De esta manera, “Tincho” y el
equipo de jóvenes comenzaron las tratativas para llevar a cabo el
proyecto. Concretaron con el dueño del lugar, Arturo, en febrero de 2016
y en abril el bar cultural abrió sus puertas.
“Toda la
decoración está hecha por los chicos del taller de grafitis, [yyyyyy],
tuvimos que pagar los materiales todo, pero no tuvimos que pagarle un
peso a nadie que nos diseñe y es un trabajo de la puta madre, los
murales de afuera y la decoración interna, bueno.. Así lo fuimos
construyendo, un poco a pulmón”
Un ida y vuelta con la cultura en acción
Martín,
nació el 23 de septiembre de 1989 en Buenos Aires. Se trasladó a
Rosario, en zona norte, de pequeño y por el trabajo de su padre:
“Veníamos para vivir un año acá nada más, para que trabaje ese año y
volvernos, y cuando vivió un año acá, no se quiso volver nunca más, así
que hasta el día de hoy estoy viviendo acá”.
Es un joven
radiante, enérgico, gestual, a tal punto que a lo largo de toda la
charla movió las manos con el fin de expresar algo más de lo que decía.
El primer antecedente de constituir alguna actividad con vistas
colectivas fue justamente, en secundaria, al formar un “centro de
estudiantes”, palabras que definiría gran parte de su vida: “Una de las
cosas que surgieron, que creo que es lo que puede haber marcado un
antecedente con lo que hoy vivo, es por ejemplo, la idea de formar un
centro de estudiantes en una escuela católica, lo cual era bastante
complicado, [esteeee] de hecho lo quisieron frenar por un montón de
lugares, los responsables de la escuela, todo, pero teníamos un grupo
interesante de chicos”. Y manifiesta, moviendo la cabeza de un lado a
otro: “siempre con la idea de hacer algo por el resto. Bah, de pensar
algo más en términos colectivos, o sea lo que uno puede aportar o
construir más allá de la individualidad de cada uno”
Cuenta
también que formó parte de un grupo de la parroquia, que estaba
vinculado con la misma escuela, y que realizaba acciones de integración
en los barrios. Luego ingresó en la carrera de Ciencia Políticas de la
Universidad Nacional de Rosario acercándose a la agrupación Franja
Morada: “En realidad al principio era medio amigo de todos, me llevaba
bien con todos hasta que empecé a militar”.
En paralelo, trabajó
para irse de vacaciones y ayudar en su casa, hasta que comenzó a cursar
su segundo año de facultad: “Después, la verdad que la situación
económica un poquito en mi casa como que mejoró y mis viejos me dijeron
que podía prescindir del trabajo y dedicarme a estudiar nada más”. “Al
año siguiente mis compañeros me eligen conducción del grupo de la franja
en la facultad. Y lo que discutíamos mucho era cómo, más allá de la
militancia universitaria, del paso que uno tiene por la universidad, o
sea, lo que pensábamos siempre era: terminamos acá de estudiar o de
militar, nos recibimos, lo que sea, y después ¿Qué?”. Desde el 2010 fue
responsable del grupo y desde el 2011 hasta principios del 2014 se hizo
cargo de la regional radical.

A partir de allí, comenzaron a
impulsar ideas “colectivas” para afrontar la realidad social que era el
tema que los congregaba: “Una de las cosas que discutíamos ahí en la
franja los últimos años mientras yo estaba, era cómo en realidad [eeee]
fomentar la participación. Acercar a los estudiantes, a la gente joven
como nosotros y demás. Y nos dimos cuenta que si íbamos a hablar de
política partidaria y demás, no acercábamos a nadie, alejábamos mucho
más de lo que acercábamos... [suspira generando una pausa que utiliza
para pensar] Entonces nos teníamos que poner a pensar en una estrategia
porque había un montón de gente que quería hacer cosas, involucrarse en
algún proyecto de la facultad o de algún tema, pero no por eso se quería
adherir a una línea política total, entonces empezamos a darles a
distintas estrategias como armar grupos de excursión de medio ambiente,
otros de cultura, otros de género y cada uno tenía su lógica, su
intervención, otros trabajos barrial, etc. y la agrupación empezó a
crecer mucho”. Esto lo contó con una inquietud como si estuviera
viviendo todo eso nuevamente en su cabeza.
Comentó que tuvo la
grata experiencia de hacer radio y formar parte de un programa, como
también, de emprender otro proyecto: “Se llama Estación Rosario, que
sigue vigente. Que es básicamente una escuela de oficios, que también
hace asesoría legal gratuita, tiene algunos servicios para la comunidad,
como un centro comunitario”.
Dejando huella en la ciudad
Después
de ver que su agrupación política había crecido lo suficiente, su
ambición fue más allá. Decidió volcar todo lo aprendido y sus ideas
nuevas en un territorio más extenso. Poniéndose serio explicó: “Era de
empezar a armar algo en la ciudad, digamos, de animarnos a partir de la
referencia que teníamos de los concejales con los que laburamos en la
ciudad y que son parte de nuestro grupo como es María Eugenia Schmuk y
Sebastián Chale. La pensamos para la ciudad desde nuestro espacio de
juventud. Y uno de esos proyectos que es [eeeee] por ahí el más
ambicioso de los que encaramos, es Nómade, que es un club social y
cultural que tiene que ver básicamente con eso. Primero con una
estrategia de acercamiento [eee] y segundo una manera de poner en
discusión la cultura: qué es la cultura para nosotros, cómo se fomenta,
qué lugar debería ocupar en el Estado”.
Acá se dan lugar a
numerosas actividades: “los espacios culturales como Nómade, por
ejemplo, no son como ir a tocar, por ejemplo, a un bar o a un boliche.
No, tiene que ver con otra lógica, tiene que ver con [eee] quitarle la
lógica comercial a la cultura, si bien eso puede existir, digamos,
quienes tienen su boliche y cobrarle a la banda un alquiler por tocar
ahí es totalmente valido, lo que nosotros planteamos es otra lógica. Es
una oportunidad para el artista, que no tenga que pagar un canon o
conllevar todo un determinado gasto para poder expresarse”.
“Todas
las semanas hay talleres, de día hay algunos gratuitos, otros que no,
abiertos a la sociedad. Por ejemplo, nosotros en Nómade para las semanas
de las vacaciones de invierno hicimos distintas actividades en el día
en donde a todos los nenes del barrio los dejábamos entrar gratis.
Digamos, si venia alguien de afuera pagaba un derecho de espectáculo
para los actores, pero todos los nenes que eran de pichincha los
dejábamos pasar gratis. Era una manera también de colaborar nosotros al
barrio, de darle un lugar a los chicos para que puedan pasar una tarde o
unas tardes en el día del niño, [eeee] bueno, como eso, muchas cosas
que en realidad tienen que ver con una manera de entender un espacio
cultural, o sea ¿Qué significa un espacio que le de oportunidades a los
Rosarinos? Que esté abierto a la gente, que sea un espacio de encuentro,
que podamos intercambiar ideas pero que tampoco le impongamos nada a
nadie”.
Martín se centra en explicar la relación
Espacio-Política: “Venís te acercas a Nómade, te interesa, tenemos una
galería de arte hermosa, tenemos un salón para talleres genial, te
interesa la gente o demás, eso no significa que te afilies o que
empieces a ser parte de nuestro espacio político no, pero si, por ahí te
acercas porque compartís nuestra manera de entender la cultura o
nuestra manera de fomentarla o nuestra manera de promoverla y eso es lo
que importa y eso es para nosotros lo que tiene sentido y lo que hace
que se puedan generar determinados cambios más de consciencia en la
gente, digamos. Ir más allá de una campaña electoral para que la persona
te vote sino involucrar en proyectos más estratégicos y a largo plazo a
rosarinos y rosarinas que compartan una mirada sobre ese tema”.
Se
le preguntó por la posibilidad de asociación con alguna institución de
la ciudad. Martín respondió rotundamente: “No, no, de asociarnos no. Si
estamos en constante vinculación con instituciones. Por ejemplo, la
Escuela de Bellas Artes, la Facultad de Ciencias Políticas también,
hemos hechos actividades con distintas cátedras... La facultad de
Medicina. O sea, si hay vinculación pero no tenemos ninguna asociación
directa con nadie, digamos”.
Hubo un momento en el que titubeó
al responder: “[Eeeeeee] ¿Cuánto fue mía esa idea? [Yyyy] yo te diría
un[nnnn] 30 porciento sería, un 20 por ciento habrá sido mía. Porque la
idea original fue de una compañera que la empezó a pensar, los demás
fuimos más de empezar a materializarlo”. Pero se recupera y alega:
“Igual tampoco teníamos la idea de que íbamos a tener tanta repercusión y
tanta llegada, eso fue… nos sorprendió. Hoy tenemos la agenda llena
hasta el verano… eso es zarpado. Aparte se instaló el nombre en cierta
manera, en el buen sentido, no en un sentido comercial. Se instaló el
nombre como un lugar copado para ir a encontrarse para ir a tomar algo y
para ver que hay esta noche y eso está bueno”.
Concluye
defendiendo la elección del nombre para el espacio cultural: “Yo sé que
por ahí es muy slogan, pero el nombre lo pensamos por la cultura en
movimiento. Porque es un lugar que todo el tiempo cambia. Porque todo el
tiempo hay algo que se mueve y algo que se modifica y porque pasa
muchísima gente de distintas características por ahí, de distintas
expresiones culturales”.
Eso es Martín: cambios, tropiezos,
seguir adelante ante una meta fija. Eso es Nómade: oportunidad,
reconstrucción, un lugar abierto a todo el mundo.
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AUTORES: Escobar, Lorena. Capozucca, Giuliana. Sigalovsky, Magalí.