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"Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado". Friedrich Nietzsche

sábado, 21 de mayo de 2016

Feria Rosarina: sublimación del espítritu de los trabajadores

Crónica 

Lunes 9 de mayo, 10 de la mañana. Victoria está sentada en su pedacito de lugar. Pertenece a la feria de artesanos de “Plaza General José de San Martín”, pero con la particularidad de que es su primer día de venta. 

Gracias al auspicio de la Municipalidad y la Secretaría de Promoción Social, hay más de 10 stands puestos uno al lado del otro, formando una fila interminable, que por su posición geográfica, se convirtieron en pocos años, en un símbolo de la ciudad. Se han transformado asimismo en una alternativa de recreación para los vecinos, turistas y transeúntes, tanto como una salida laboral para todos aquellos que quieren salir adelante ofreciendo opciones de productos y precios accesibles.
Bajo un día triste, con nubes grises que tampoco ayudan a que cambie la situación, Victoria espera sentada y tranquila a un comprador. Ella sabe que es, justamente, la feria la que le aporta color a la esquina de Córdoba y Moreno.

La gente pasa y pasa, corridos por el tiempo que transcurre, y son solo algunos los que deciden aminorar su marcha para prestar atención a los objetos que están a la vista. De este modo, cuando alguien se acerca, ella comienza a exhibir su trabajo destinado exclusivamente a estampar objetos y prendas. Y, por ello, vemos remeras de mangas cortas y vestidos de colores claros, como blanco, amarillo y verde agua, que contrastan con su vestimenta. Ella estaba personificada por el negro, eso significa: calza y remera ajustada -sin contar el bolso del piso y su compañero fiel, el mate-. Así, lo único que desentonaba en esta armonía oscura eran las zapatillas blancas de 3 tiras rojas y su pañuelo gris. La curiosidad eran las frases sobre una placa situada en el lado izquierdo de su estante, que llamaba mucho la atención.
Colmada por un aroma a chipá que perfumaba todo el ambiente público, Victoria adquiere algo de magia, algo de amabilidad y de cortesía para dar detalles sobre la indumentaria, las técnicas, algo de asesoramiento personal y la entrega de folletos con el eslogan “Es una mixtura, es Cabaret Voltaire”.  
Ante la pregunta curiosa: “¿Y cómo se hace la producción?”, muy elocuente responde: “con la técnica de sublimación y vinilo termotransferible”. Lo cual, obviamente, lleva a re-preguntar: “¿Y eso que es? ¿Cómo se hace?”. Allí me explicó su arte, un proceso complicado, que no es muy utilizado como recurso a pesar de que no se requiere mucho capital o maquinarias especializadas para llevarlo a cabo. Para la sublimación simplemente se necesita “una impresora común con tinta especial, termo sensible” y una plancha de “40 por 40”, parecida a la de los tintoreros que tiene una regulación de presión para adaptarla a cada prenda. Así el estampado requiere que se imprima el dibujo con esa tinta, fijado por el calor de la plancha. Por otro lado el vinilo es como “el plástico de las calco” que se corta manualmente y con la misma plancha se pega. Y así, realizan prácticas empleadas por las grandes empresas, pero de manera artesanal.
Ya pasadas las 10.30 horas, Victoria hace hincapié en lo que simboliza la feria. Ya que junto a su pareja, debieron esperar 6 meses para finalizar las etapas de selección; etapas que persiguen el objetivo de fiscalizar “si tu proyecto es original, que no estés replicando nada, que no estés vendiendo cosas en nombre de otro”. Representa obtener un lugar fijo donde la gente pueda dirigirse porque, ciertamente, son los encargados de la estampación, producción, venta, publicidad y distribución del bien final, definiéndose como “emprendedores”. Recalcó que el beneficio de la feria es gratis y que no te exigen pagar impuestos. Manifestó que no hay manera de “capitalizarse”, no reciben ningún tipo de subsidio y que “es todo a pulmón”, por lo que ellos solos deben llevar adelante el trabajo.
El proyecto comenzó un año atrás con las primeras estampaciones ante una necesidad personal de conseguir alguna prenda que no esté inmersa en los cánones comunes, porque hay un valor agregado que cada persona puede impregnarle a su diseño. Sin embargo explica: “Esto tiene todo su encanto pero la gente busca otra cosa, esta pasado de moda”. Según ella, estamos en la etapa de la imagen, y al pronunciar esa última palabra hace un gesto de disconformidad. Cual gitana del arte contemporáneo me contó que, por ese motivo, le gusta ofrecer “cosas originales” como remeras que contengan dibujos referidos a la literatura, humor gráfico, y reproducir obras de artes, lo que me permite entender el porqué de todas las caricaturas de escritores sobre la mesa.
“No importa si varía el tamaño de lo que se tiene que estampar, porque para nosotros el gasto es el mismo. No nos modifica, porque la plancha estampa igual algo grande que algo chico”, explica contenta; aunque de todas formas, se puede utilizar menos papel intentando imprimir varios de esos dibujos de manera conjunta. Trampa que ayuda a optimizar parte de la producción.
Luego, cuasi indignada comienza a defender la idea de potenciar al emprendedor que siempre debe competir con grandes cadenas productivas: “Apuesto al comercio justo, voy en contra de los grandes monopolios”, y fue entonces cuando se refirió al trabajo en la era postmoderna, era del capitalismo, tildándolo de esclavo. Y fue más allá. Aseguró totalmente consciente, que si algún día tuviera un local seguiría con la sublimación. En realidad, la técnica que usa es la que “más fideliza la estampa”, y al mismo tiempo tiene un procedimiento simple y eso lleva a que diga que “no lo cambiaría por nada del mundo”. La serigrafía, por su parte, se debe estampar color por color y la gente eso “no te lo reconoce, no se lo podes cobrar”, así es como ella decidió obtener una buena calidad antes que una buena remuneración. Fundamentalmente, esos son sus ideales y los va a perseguir hasta el final, por ello, en su hablar utilizó la palabra “elegir” varias veces. Elegir una forma de vida, un modo de trabajar.