Crónica.
Día de sol, plena primavera en invierno. Calor que se funde entre listas sábanas y boletas únicas ante una nueva jornada de elecciones primarias.
Afuera, gente por todos lados -plazas, calles, caminos, baldíos-, olor a asado, rotiserias llenas, quioscos abiertos, banquitos repletos de mates y facturas, vestimentas de todos colores y muchas zapatillas a la vista. Sin embargo, allí mismo, en la puerta de la escuela, dos jóvenes abrigados como para ir al polo norte, fumaban y charlaban pacíficamente sobre “la fiesta de ayer a la noche”.
Adentro, la espera, y la típica confusión de votantes preguntándose por la muchedumbre formada en fila justo ante su mesa, habiendo otras tantas sin ni una sola persona.
-"Mira Marta, está vacío esa. ¿No podemos votar ahí?"
-"¡No!, ¿como te vas a correr?, sino tendríamos que cambiarnos el apellido"
-"Y bueno, si supiera que no tengo que esperar, me lo cambio".
Rotundo...
En paralelo, dos niños jugando a la pelota con un bollo de papel pasando entre el gentío, "permiso por favor" gritan los gurises mientras arremeten con todo para anotar el gol. "Espero que nos esperen para comer" le dice una mujer a su pequeña hija, y un señor pide por favor al fiscal una silla para su padre que fue a votar igual a pesar de que "ya no está en edad". Brillos en los ojos de algunas tantas personas que salen del cuarto oscuro, orgullosos, de haber sufragado mientras el reloj marca las 13:45. A continuación, un gendarme, serio, de pelo castaño, con un arma colgando de sus espaldas, se acerca a los niños y una mujer cercana a ellos le dice a su acompañante "mira, nos vienen a reprimir", aunque a los segundos se retracta "ah, no, mira qué bueno, el tipo se puso a jugar con ellos".
"Somos solamente dos acá, pueden ir fijándose el numero de cada uno", suplica el fiscal -que no tenía ningún tipo de identificación política en sus ropas-, coronado por el "por favor" de la presidente de mesa, y el movimiento de la fila dirigiéndose al padrón colgado de la pared... -"Soy el 253", se apresura a decir una joven, con una gran sonrisa en la cara denotando satisfacción por saberlo de antemano.
Por otro lado, un muchachito de barba colorada, con jean rotos y lentes de sol, revisa su teléfono. Instagram y twitter le muestran el minuto el minuto de las PASO. Entra al perfil de Caren Tepp a chusmear, y la señora de atrás se pregunta: “¿voto cantado?”. Allí es cuando le revolea los ojos acompañado de un gesto de cabeza para que el hombre, a su lado, mire al chico. “Callate, que vos hablas fuerte” fue la contestación que obtuvo.
Para no olvidar
Un señor con cara de contento le dijo a una mujer "¡que viva la democracia, que viva Perón carajo!", demasiado efusivo, dándose vuelta ella contesta "¡viva!, viva la decisión del pueblo que está vivo para cambiar, ¡votemos el cambio!". ¿Qué loco, no? Contradicciones de la vida, y de pensamiento que conviven. Pluralidad de voces que gritan lo que dijo Octavio paz:
"Una nación sin elecciones libreses una nación sin voz, sin ojos y sin brazos."