HISTORIA DE VIDA
Eduardo y Blanca. Blanca y Eduardo.
Ella, abogada; él, artista callejero.
Personas totalmente desconocidas
que un día decidieron acercarse...
Todos los días, de 10 a 18 se sienta Eduardo, con su bolsito (de esos que se usan para hacer los mandados), su guitarra acústica y un amplificador, que no es tan potente ni ruidoso, pero alcanza para que puedan escucharlo los que pasan por Córdoba y Corrientes... Y así, con la Bolsa De Comercio de Rosario como escenario principal, y con un arpegio de fondo, él comienza a ponerle musicalidad a esa esquina tan emblemática de la ciudad.
Se acercó la primer persona, un hombre desconfiado, que con un tono sobrador y poniéndolo casi a prueba le pidió la primer canción. “–¿Podés tocarme el ADAGIO? ¿o no te la sabés?”. En realidad le pidió una pieza bastante compleja, el Adagio de Albinoni, conocida como <Adagio en sol menor>, compuesta en 1945 e interpretada por miles de personas alrededor del mundo. “Sí, sí, señor, como no”, le respondió Eduardo amablemente, y sin más palabras, comenzó. Las melodías sonaban, y este hombre, decidió sentarse a escucharlo en la vereda de enfrente. No sé por qué motivo, pero al finalizar, simplemente se acercó y desde lejos le entregó un billete de 50 pesos en recompensa por su buena interpretación, con la argumentación que siempre lo ha escuchado y que nunca es “tocada igual”.
Tal como se pasaban los minutos, pasaba la gente. Algunas, simplemente lo miraban, y seguían; otras, ni siquiera eso. Pero a Eduardo no le importaba, seguía tocando con los ojos cerrados, sintiendo cada acorde que salía de su guitarra. Hasta que una señora, un tanto indecisa, frenó su andar. Se trata de Blanca, abogada y profesora de la UNR, que todos los días realiza el mismo trayecto hasta su casa, pero que antes por algún motivo nunca paró.
Se acercó la primer persona, un hombre desconfiado, que con un tono sobrador y poniéndolo casi a prueba le pidió la primer canción. “–¿Podés tocarme el ADAGIO? ¿o no te la sabés?”. En realidad le pidió una pieza bastante compleja, el Adagio de Albinoni, conocida como <Adagio en sol menor>, compuesta en 1945 e interpretada por miles de personas alrededor del mundo. “Sí, sí, señor, como no”, le respondió Eduardo amablemente, y sin más palabras, comenzó. Las melodías sonaban, y este hombre, decidió sentarse a escucharlo en la vereda de enfrente. No sé por qué motivo, pero al finalizar, simplemente se acercó y desde lejos le entregó un billete de 50 pesos en recompensa por su buena interpretación, con la argumentación que siempre lo ha escuchado y que nunca es “tocada igual”.
Tal como se pasaban los minutos, pasaba la gente. Algunas, simplemente lo miraban, y seguían; otras, ni siquiera eso. Pero a Eduardo no le importaba, seguía tocando con los ojos cerrados, sintiendo cada acorde que salía de su guitarra. Hasta que una señora, un tanto indecisa, frenó su andar. Se trata de Blanca, abogada y profesora de la UNR, que todos los días realiza el mismo trayecto hasta su casa, pero que antes por algún motivo nunca paró.
B: -Perdone que lo moleste, pero siempre paso por acá y me encanta su música.
E: -Bueno, muchas gracias. ¿Cómo se llama?
B: -Blanca. ¿Usted?
E: -Eduardo. Mucho gusto. Me siento muy halagado por lo que me dijo. ¿Quiere que le toque algo en especial?
B: -No, está bien, solo quería decirle que en el Viejo Continente usted podría haber sido un muy buen artista.
E: -Estuve por ahí, yo. Viví en muchos lados...
Y así comienzan a charlar. Mientras, un grupo de chicos de joggings azules y chombas blancas) pasan por el lugar.
Ruidos por doquier: a los sonidos de los colectivos, automóviles, bocinas, gritos, se les suman carcajadas, risas y bromas de estos niños, que al parecer se iban de excursión. Obviamente acompañados por dos profesoras. Solo 2 profesoras para algo más de 50 chicos... Ante esta situación Blanca decidió acercarse 3 pasos para seguir la conversación que parecía entretenerlos. Contó que estuvo por toda Europa a causa del trabajo, y de paso, diversión; al igual que él, que volvió al país hace 3 meses, luego de no parar de trotar por diferentes lugares como París, Moscú, Roma. El último fue España, específicamente Madrid, y todavía no sabe ni siquiera él la razón o el motivo que lo impulsó para volverse. Dijo que allá “estaba bien” y que si bien la crisis afectó y sigue afectando a todos los ciudadanos españoles, prefirió el retorno, y justo ahora que tiene 60 años. Decía, muy entusiasmado, que tuvo que pasar por muchas cosas, pero después de casi 50 años con la música, la principal diferencia de esos países europeos con el nuestro, es que “Argentina no cambia más”. Exacto, solo eso dijo: que no cambiábamos más. Luego lo fundamentó diciendo:
E: -Eso se refleja hasta en la mujeres. Antes muertas que sencillas. Y así viven, por más que estén muy mal. Ellas no lo reflejan. Siempre maquilladas, bien vestiditas, pero eso sí, no se bañan...
B: -Y bueno, pero acá vivimos diferente, nos vestimos bien solo para ir a bailar. Cosa que yo ya no hago, porque así como me ve, tengo 75 años, pero lamentablemente esto es así.
Pero no todo es tan armonioso, la GUM (Guardía Urbana Municipal) desde enfrente nos miraba mal. Pero un “no se preocupen, yo tengo permiso”, hizo relajar la mirada asustada que llevaba Blanca en ese momento. Siguió: “aparte esos son buenos, en cambio hay uno que sí me molesta. Ese es botón de alma”. Y dicho esto comenzamos a reírnos, fue algo curioso porque si bien a mí me gusta el rock no pude evitar pensar en canción de cumbia que dice “vos sos un botón, nunca he visto un policía tan amargo como vos”.
Eduardo llevaba puesto un jogging gris, remera casi en composé, aunque un tono más oscuro. Arriba un pullover también gris, (les dije que estaba todo combinado). Y por último, unas zapatillas blancas con cámara de aire. Lo que me dio la impresión que si se paraba y dejaba todo estaba completamente listo para ir a correr una maratón... Ella tenía un pantalón de vestir negro, campera de cuero negra y una remera blanca con negro. Pero había dos elementos curiosos en su vestir: el primero es un reloj colgando de su cuello. Reloj blanco, con los números y el minutero negro. Segundo, Alpargatas. Sí, alpargatas... A todo esto, se acercó una señora a la que Eduardo presentó como su “segunda mamá”, porque lo ayudaba siempre trayéndole algo para comer. Era el cumpleaños de esa señora, así que después de cantarle el “feliz cumple” la mujer se retiró. Un chico muy moderno: lentes de sol verde, chupín verde, remera estampada, y con un celular enorme en su mano (algo cancherito por su ropa y actitud) se paró sorprendido y pidió zamba “la engañadora”. El cuál escuchó solo unos segundos y se retiró con un simple “muchas gracias”.
Como no podía ser de otra manera, esto desencadenó en otra cuestión para seguir la conversación: el amor (con polémicas declaraciones)
E: -El amor cambia de lugar, no hay engaño.
B: -No, no. Prefiero que se separen a que te engañen.
Él, pensativo respondió: “si, es mejor eso que el adulterio. Aunque en realidad el matrimonio es <hasta que venga uno o una mejor> no <hasta que la muerte nos separe> como te hacen creer” prosiguió: “Encima te cobran para casarte, son unos estafadores los de la Iglesia. Todo es un negocio”.Dicho esto, blanca se prendió un cigarrillo de la marca Marlboro. Y como ella, ya son 5 las personas que conté que en ese momento que también estaban fumando en la calle... 2 minutos de arpegios y Blanca rompió el silencio: “Ah, Beethoven, ese era un virtuoso”. Él respondió que sí con su cabeza. “Pero el más grande es Charly García” dijo. Blanca le retrucó: ¡No! ¡Pero por favor!, Charly es un vendido, se vendió al sistema, a lo que vende. Es un mentiroso. Virtuoso pero mentiroso.
Eduardo solo respondió “si, puede ser. Pero sigue siendo grande”, y luego calló. Para sortear el momento incomodo Blanca cambió radicalmente de tema.
B: - ¿Usted vio la película La Caída Fatal? Es mi favorita.
E: -¡Sí, la ví! Con Michael Caine. Es buenísima, pero es re vieja... Aunque refleja justo lo que pasa en la sociedad actual, los “guantes blancos” siempre se salen con la suya.
La película que nombran en realidad es “La angustia mortal”, y en España se conoce como “La caída mortal”. Como mortal y fatal son medianamente similares, calculo que fue eso lo que hizo que se entendieran y hablaran de la misma película... Efectivamente Michael Caine es el actor, y es quien hace de mayordomo en la película de “Batman: el caballero de la noche”, esa que actúa con Heath Ledger de guasón y Christian Bale, película que lo llevó a ganar un Oscar, pero para no irme por las ramas, Michael, en este caso, hace de un ladrón que roba unas joyas, y a causa de esto se sumerge en un mundo de traidores, drogas, robos y adulterio. La película refleja la vida social de los que tienen alto poder adquisitivo, y esos ricos son denominados “guantes blancos” porque son los que contratan a personas para que cometan ilícitos. Y así se tocó el tema de la política Argentina; a lo que Eduardo, después de un rato, dijo “por eso Perón es el mejor. La vida son hechos, como decía él” Luego agregó: "Perón, viejo ladrón. Pero te digo, es mucho mejor que todos los que están ahora metidos”. Blanca respondió: “Sí, él hubiera sido uno de los guantes blancos, pero dentro de todo es el más rescatable. La primera presidencia fue impecable. Y evita era una gran compañera”.Entre melodías volvió a tomar la palabra, “Yo por eso no quiero tener ni auto. En realidad, soy profesora para cambiar mi lugar.
E: -¿Cambiar qué?
B: -Mi lugar. El mundo. Bueno, mi país. Cuando comencé con esta profesión no pude cambiar todo lo que estaba mal, todas las injusticias. Porque dígame: ¿Cómo puede ser que alguien defienda a un asesino, o alguien que mató a propósito? Yo no lo puedo entender. Y cosas como esas tienen que cambiar. La mentira, la estafa, el robo... Entonces por eso me dediqué a esto. Por lo menos desde mi lugar puedo cambiar un poquito las mentes de mis alumnos, para que sean hombres de bien, pero está todo muy difícil.
E: -Ah, si. Yo tampoco pude cambiar nada, pero lo sigo intentando. Si queres saber, te puedo contar que estuve en una banda y me fui.
B: -¿Por qué?
E: -Por los ricos, que se piensan que porque tienen un bar pueden manejarte a tu antojo. Encima se enriquecen con nosotros, con los pobres diablos que queremos ser famosos y mostrar lo poco o mucho que sabemos. Y así también me pasó con alguien para quien trabaje. Un músico que...
B: -¿Quién?
E: -Alguien que es muy importante para Rosario.
B: -¿Fito (Paez)?
E: -No, ese no. El otro.
(Incógnita que todavía pienso y no puedo develar). Blanca Respetó su silencio pero volvió a preguntar:
B: -¿Y qué lo llevó a viajar por el mundo?
E: -Mire, yo soy ingeniero, tengo estudio, pero mi pasión es la música así que casi sin pensarlo me fui porque sabía que afuera iba a ser todo mejor.
Contó que vivía tocando en trenes, subtes, plazas, y colectivos; y que la gente en Europa es mucho más agradecida, allá le devuelven a uno el agrado de haber tocado para ellos. “Acá no te dan mucho, pero yo tengo donde vivir así que prefiero no comer un día y vivir de esto, porque es lo que a mí me gusta, siempre fue mi sueño”. Blanca levantó la cabeza y le respondió agarrándole la mano: “eso es digno de admiración señor Eduardo. Ojalá siempre pueda vivir de su sueño. Porque muchos como nosotros podemos cambiar el mundo. Ahora sé que somos 2”.
